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Perdonar también es humano

Ilustración: Abrazo de perdón
 
Bolivia Misionera/Caminado Juntos 17.03.11.-  El perdón brota espontáneo del corazón amante pero se resiste en el del rencoroso. Que insatisfecho jamás podrá ser feliz. El que ama sufre con el que padece las injusticias y también por el que las comete.

El perdón es, fundamentalmente, una actitud del alma por la que se quiere el bien de todos los hombres (inocentes, culpables, victimas o victimarios) y se está dispuesto a perdonarlos. No consiste sólo es perdonar un castigo, porque se puede castigar con amor y perdonar con soberbia. Esa actitud del alma sólo puede ser producto del amor: solo es que ama al Amor y a todos los seres, en especial a aquél que es su imagen y semejanza puede llegar a perdonar.

El hombre que no perdona no puede ser feliz porque su corazón está cargado de rencores, de resentimientos. Ver a la persona odiada, oír su nombre, solo tener contacto con algo que se relacione con esa persona, es como sentir un ácido que quema las entrañas. Aumenta los defectos del ser aborrecido, disminuye sus méritos, duda de sus intenciones: la incomprensión campea en su corazón.

Por el contrario, el hombre que ama es feliz porque comprende y todo lo perdona. Supera fácilmente las ofensas. No conserva ni un solo rencor. A nadie juzga. Ninguna presencia puede perturbarlo porque ve el bien que cada uno encierra.

El romance de Romeo y Julieta deja enseñanzas histórico – costumbristas, psicológicas, pero el mensaje que Shakespeare nos brinda en esta obra está dado en las palabras con las que finaliza el drama y que pone en boca del príncipe: ¡Tardía amista y reconciliación, que alumbra este sol tan triste!

Si el perdón hubiera sido la respuesta al primer agravio, ¡cuántas penas y lágrimas se hubieran evitado! ¡Cuánta sangre no se hubiera derramado! Fue necesario que dos adolescentes enamorados, apasionados y desesperados se suicidaran, para que sus familias aprendieran a perdonar.

Las obras clásicas perdurarán porque tratan temas de hoy y de siempre. Hoy como ayer, los hombres no quieren reconocer sus culpas y sólo una catástrofe les permite comprender que todos tenemos la culpa. Esperamos que el mundo no necesite sufrir un desastre para aceptar que todos debemos pedir perdón y que éste sólo es fruto del amor.