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Carta a los Educadores Católicos por el Día del Maestro

Iglesia Viva 06.06.2011.- Hoy, desde hace 87 años se celebra en todo el país, el Día del Maestro, a tiempo de rendir un homenaje a quienes comparten sus conocimientos, formando niños y jóvenes, además de pasar gran parte de sus vidas en las aulas, el Obispo de la Diócesis de El Alto, Mons. Jesús Juárez brindó un saludo de felicitación y bendición en este día.

Mostró sus agradecimientos y admiraciones a todos los Educadores Católicos, a tiempo de exhortar que deben comprometerse honestamente a cooperar con las autoridades y la sociedad del país, "Deseamos aportar en la construcción de una Bolivia más justa, más libre, más fraterna y más solidaria".

Muy estimados profesores y profesoras católicos de la Diócesis de El Alto, tanto de Religión como de las demás áreas o materias:

Hace apenas unos días se han iniciado las actividades escolares. Para todos, y también para nuestra Diócesis, la educación es un elemento fundamental para el desarrollo de cada persona y, a la vez, constructora de sociedad y de Iglesia.

Este año contamos con una nueva ley educativa que nos afecta directamente: la Ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez.

Se anuncian cambios importantes tanto en la materia, antes de Religión, como en todo el currículo y en la organización educativa.

Quiero acompañarles personalmente en este proceso para "discernir" nuestra presencia y acción en este momento educativo que vive el país.

En primer lugar veamos este momento como un llamado del Señor superando tentaciones de miedo o de inútiles discusiones o de quejas paralizantes, leamos la historia como lugar de encuentro con el Señor y seamos capaces de comprender qué senderos educativos nos propone el Dios de la Vida en este momento.

"Los creyentes en Jesús no somos sujetos del no continuo y absoluto, pero tampoco del sí permanente y a toda costa. A nosotros nos corresponde la ineludi¬ble tarea de "discernir" cuanto acontece para saber qué es "lo que queda como bueno" (Flp 4,8).

Busco luz en el Concilio Vaticano II para recorrer caminos del Evangelio con ustedes, todos los profesores y profesoras católicos de la Diócesis:

"Los cristianos, congregados de entre todos los pueblos en la Iglesia, "no son distintos de los demás hombres ni por el régimen ni por las instituciones políticas de la vida" (Carta a Diogneto1, 5) y por ello deben vivir para Dios y para Cristo según las costumbres honestas de su nación; cultiven, como buenos ciudadanos, real y eficazmente, el amor a la patria; eviten completamente, sin embargo, el desprecio a otras razas y el nacionalismo exacerbado y promuevan el amor universal a los hombres" (Ad gentes2, 15).

Nosotros deseamos cooperar honestamente,
como ciudadanos educadores y educadoras católicos, con las autoridades y la sociedad del país. Deseamos aportar en la construcción de una Bolivia más justa, más libre, más fraterna, más solidaria.

También, "en las actuales circunstancias, queremos empeñarnos en la formación religiosa de los niños, niñas y jóvenes que asisten a las escuelas fiscales, de convenio o privadas, procurando acompañarlos también a través de nuestras parroquias y la propia Diócesis" (Cfr Aparecida 483).


En esta perspectiva, ustedes, los animadores de la Educación en la Diócesis, y yo debemos estar atentos y despiertos para aprovechar todas las posibilidades que la ley y los reglamentos subsiguientes de la misma nos ofrezcan para educar la dimensión espiritual de los niños, niñas y jóvenes de nuestra Diócesis. Nosotros queremos hacer realidad la densa y hermosa expresión que utiliza el escrito a Diogneto en 5, 10: "(Los cristianos) obedecen a las leyes establecidas, pero con su vida sobrepasan las leyes".

Esto supondrá, sin duda, participar en talleres de capacitación doctrinal y pedagógica que exigirán de ustedes generosidad y gratuidad.

Queridos profesores y profesoras católicos:

Éste es el tiempo del testimonio y el tiempo del compromiso más fuerte y tenaz consistente no en adoptar un modo de elitismo espiritual, sino en optar por una presencia nueva en las unidades educativas. Lo nuestro es apostar por la humanización de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes. Mostremos en cada Unidad Educativa una gran capacidad de perdón y de acogida a todos. Participemos activamente y con alegría en encuentros, actividades y proyectos. Hagamos presente una sensibilidad eficaz por los pobres y excluidos. Que los estudiantes, los profesores y los padres de familia vean en nosotros hombres y mujeres de fe, confiados filialmente en Dios. Mostremos incluso, por muy complicadas que nos parezcan las circunstan¬cias, un espíritu de fiesta y de alegría que es producto de la acción del Espíritu en nosotros.

"Cada laico debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y signo del Dios vivo. Todos juntos, y cada uno en particular, deben alimentar al mundo con los frutos del Espíritu (cf. Gal 5, 22), extender en él aquel espíritu que anima a los pobres, humildes y pacíficos, que el Señor proclamó felices en el Evangelio (cf. Mt 5, 3-9). En una palabra, lo que el alma es en el cuerpo, eso han de ser los cristianos en el mundo" (Lumen Gentium, 383).

La historia, maestra de la vida, nos ofrece una oportunidad para reavivar nuestra fe católica no sólo personalmente sino también como Diócesis.

Efectivamente, en los primeros siglos, las comunidades cristianas desarrollaron la evangelización por el testimonio plasmado en una forma de vivir donde el amor era fundamental. El amor mutuo de sus miembros, la hospitalidad y el cuidado de los pobres fueron su carta de presentación. De no haber sido por esto el mundo seguiría siendo pagano.

Hoy necesitamos evangelizar con el mismo estilo, los mismos gestos y las mismas preferencias.

Efectivamente, ser profesor de Religión Católica, hoy sólo es posible desde una opción creyente, purificada y testimoniada con una vida según el Evangelio.

Nuestra Diócesis apoyará de forma nueva a todos los que opten por ser profesores y profesoras católicos en las escuelas fiscales, de convenio o privadas.

Finalmente, quiero insistir en algunas actitudes, inspiradas por el Cardenal Martín, y que ya les hice en mi carta pastoral sobre educación: "Educar según el Evangelio". Les animo a tenerlas muy en cuenta para vivir nuestra misión evan¬gelizados en la situación actual:

1.    No sorprenderse ante la diversidad.
No tener miedo de lo que es diferente o nuevo, sino considerarlo como algo en donde se puede encontrar un regalo de Dios. Demostrar que uno puede escuchar algo diferente a lo que pensamos habitualmente, no juzgar precipitadamente al que habla sino tratar de comprenderlo: su discurso y las razones de fondo que pudiera te¬ner. Ya lo dice San Pablo: "Examinen todo con discernimiento: quédense con lo que es bueno, apártense de toda clase de mal" (ITim 5, 21-22).

2.    Aceptar los riesgos: la fe es el gran riesgo de la vida. "Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la hallará" (Mt 16, 25). Es necesario aprender a abandonar todo por Cristo y su Evan¬gelio. Llegan tiempos en los que ser educadores o educadoras católicos es apostar la vida por Cristo.

3.    Poner a los pobres en el centro por ser los amigos de Jesús
que se ha hecho uno de ellos: Maravillarse ante el Evangelio, ante Nazaret, desde Belén hasta el Jordán, la Pasión y ante la Resurrección. La opción prefe¬rencia! por los pobres y excluidos debe llegar a todas las escuelas de la Diócesis gracias a ustedes.

4.    Alimentarse del Evangelio como nos dice Jesús en su discurso sobre el pan de vida: "El pan que Dios da es éste que ha bajado del cielo y que da vida al mundo" (Jn 6,33). La Palabra de Dios debe convertirse en la "brújula que indica la vía a seguir" (Verbum Domini4,104).

En este nuevo contexto educativo, social y político nuestra Diócesis inicia un nuevo Plan Pastoral 2011-13: "Caminamos con María, discípula y misionera".

También ustedes están invitados a ser conducidos como María de la Anuncia¬ción al encuentro vivo y transformador con el Señor Jesús. Y como María, dejar que su Palabra se haga carne en cada uno de ustedes de forma que "Cristo viva en cada uno y cada una". (Cfr. Gal 2, 20). Sólo así podemos llevar a Cristo como María de la Visitación a las escuelas, colegios, centros técnicos y universidades de nuestra Diócesis.

Que este año, más allá de incertidumbres y de dudas, sea tiempo de servicio y tiempo de la Palabra de Dios. En la Palabra de Dios también nosotros hemos oído, visto y tocado el Verbo de la Vida. Por gracia hemos recibido el anuncio de que la vida eterna se ha manifestado, de modo que ahora reconocemos estar en comunión unos con otros, con quienes nos han precedido en el signo de la fe y con todos los que, diseminados por el mundo, escuchan la Palabra, celebran la Eucaristía y dan testimonio de la caridad. La comunicación de este anuncio —nos recuerda el apóstol Juan— se nos ha dado "para que nuestra alegría sea completa" (Un 1,4).

Una alegría profunda que brota del corazón mismo de la vida trinitaria y que se nos comunica en el Hijo. Una alegría que es un don maravilloso que el mundo no puede dar. Alegría que también nosotros queremos comunicar a los protago¬nistas del mundo educativo y que brota del ser conscientes de que sólo el Señor Jesús tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6,68) (VD, 123).

Con mi bendición y mi amistad,


Mons. Jesús Juárez Párraga

OBISPO DE LA DIÓCESIS DE EL ALTO