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Se inaugura 91 Asamblea Episcopal

Maná 5.5.2011// Esta mañana se inauguró la 91 asamblea episcopal con la presencia de 30 Obispos del episcopado boliviano. En el acto inaugural se escuchó el saludo del Presidente de la CEB, Cardenal Julio Terrazas Sandoval.

Sus palabras recordaron el tiempo pascual que vive la Iglesia, ponderó la participación de los fieles que acudieron masivamente a las celebraciones liturgicas.

El acontecimiento de la beatificación de Juan Pablo II fue recordado como un hito que marca la historia de la Iglesia.

Asimismo el Cardenal Julio mencionó la carta pastoral: Católicos en la Bolivia de hoy, invitando a los fieles a conocerla  y ponerla en práctica.

 Amados hermanos Obispos, queridos representantes de la Conferencia Boliviana del Clero Diocesano, de la Conferencia Boliviana de Religiosos y del Consejo Nacional de Laicos, y apreciado Rector del Seminario Mayor San José, les saludo con las palabras de Jesús constituido Señor por la resurrección:  “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).

En esta novedad auguro Felices Pascuas de Resurrección a Su Excelencia Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico y agradezco su servicio pastoral en Bolivia. A través de su persona hago llegar las felicitaciones pascuales de manera especial al Santo Padre Benedicto XVI a quien hemos asegurado nuestras oraciones por su aniversario natal y los seis años en el ejercicio de su ministerio a la guía de la Iglesia como sucesor de Pedro. Mi estima sincera a Mons. Simón Bolívar Sánchez, Secretario de la Nunciatura por su dedicación y cercanía.

Un recuerdo muy caluroso para nuestros hermanos Obispos eméritos y los Obispos de las Iglesias hermanas de Tréveris e Hildesheim, unidos en comunión fraterna. Aseguro nuestras oraciones fervientes a los queridos Obispos enfermos, asociados a la pasión y resurrección del Señor, en particular a Mons. Angel Gelmi que en estos días ha vuelto a su país para hacerse atender de su enfermedad, le deseo una pronta recuperación. Me alegra que Mons. Luis Casey, recuperado después de su delicada operación, se haya reintegrado a la comunión episcopal y a los trabajos de la Asamblea.

La novedad que Jesús Resucitado ha instaurado en el día de la Pascua sigue presente con su dinamismo en la vida del Pueblo de Dios, hecho que nos llena de gozo y esperanza. Nuestros feligreses así lo han experimentado acudiendo con gran afluencia a las emotivas celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Nos damos cuenta que año tras año un número creciente de bautizados va tomando conciencia de su identidad y vocación cristiana, así como de su pertenencia a la Iglesia.

Este hecho es fruto de la acción del Espíritu que no cesa de sorprendernos haciendo “nuevas todas las cosas” a pesar del ambiente de secularización del mundo globalizado. A menudo, dicha secularización, proceso que hace sentir sus influencias también en nuestra sociedad, se expresa en actitudes hostiles a la fe cristiana y a la Iglesia. En estas circunstancias, es el Espíritu del Resucitado que nos da la fortaleza de ser fieles a nuestra vocación y misión: “No tengan miedo, yo estoy con ustedes hasta el fin de la historia” (Mt 28,20).

Novedad Pascual es también la conmoción y el regocijo que ha provocado en el mundo entero la Beatificación del Papa Juan Pablo II, hombre de Dios que ha marcado la historia de la Iglesia y del mundo al final del segundo milenio e inicios del nuevo. Este acontecimiento nos ha permitido revivir los momentos de gozo y entusiasmo en su Visita Pastoral hace veintitrés años a nuestro país en este mismo mes de mayo, cuando lo acogimos como Padre y Pastor “sembrador de justicia y esperanza”.

Al pisar tierra boliviana nos decía: “Vengo a alentarles en ese fatigoso camino para que no pierdan la esperanza”. Su permanencia fue una fiesta única en todas las celebraciones, gestos y mensajes que compartió con todos los sectores del Pueblo de Dios, y con los niños, jóvenes, adultos, ancianos y enfermos, obreros, mineros y autoridades.

Al despedirse nos dejó un desafío: “Mantengan viva su fe, tengan confianza, sean generosos y no olviden sus compromisos sociales que les han de llevar a la construcción de esa Bolivia nueva, que justamente desean: una Bolivia más fraterna, más justa, más honrada y más cristiana”. Palabras que aún hoy nos impactan por su actualidad e incidencia en los problemas reales de nuestro país, premonitoras de la realidad que estamos viviendo y que nos urgen retomarlas como tarea ineludible.

Novedad Pascual ha sido también para nuestra Iglesia la publicación de la Carta Pastoral: “Los católicos en la Bolivia de hoy: presencia de esperanza y compromiso”. La hemos elaborado pensando en cada uno de nuestros hermanos en la fe y de las personas de buena voluntad, a fin de mantener viva la fe y esperanza, y de testimoniarlas con el compromiso por la vida. Una vida que sea digna y al alcance de todos, frente a los odios, las divisiones, los conflictos y la violencia, hechos marcados por el signo de la muerte. Es una mirada clarificadora de los acontecimientos que se dan en el proceso que vive el país, tanto los logros alcanzados como las ambigüedades a evitar o corregir. El cristiano, discípulo misionero del Señor Resucitado, tiene que saber situarse en esta realidad, escuchar el clamor de los que sufren, comunicar palabras de esperanza y solidarizarse con aquellos que lo necesitan con urgencia.

Nuestra Carta Pastoral es un llamado para todos, porque los Obispos estamos firmemente convencidos que solamente unidos como Pueblo de Dios, podemos vencer  esos males que están minando la vida y provocando el desánimo en el corazón de nuestro pueblo.

Así lo afirmamos en nuestro documento: “Queremos despertar en el corazón de todos ustedes la esperanza y el compromiso de seguir construyendo una Bolivia justa y solidaria, casa común para todos. Confiamos que todos ustedes reciban y acojan esta carta con cariño, apertura y disponibilidad. De manera especial, deseamos que en las parroquias y otros ámbitos se formen grupos de estudio para que sea leída, reflexionada y puesta en práctica” (C.P. 149).

Para llevar adelante este cometido, pido a los sacerdotes, a la vida consagrada y a los laicos a que todos aprovechemos los subsidios que se han elaborado con la finalidad de apropiarnos de la riqueza de la misma, para que en verdad seamos “presencia de esperanza y compromiso”.

Volviendo ahora la mirada más allá de los horizontes de nuestro país, no podemos quedarnos indiferentes ante las catástrofes naturales y guerras que siguen azotando distintas partes del mundo, con enormes pérdidas de vidas humanas. La fe en el Señor Resucitado nos mueve a orar por las víctimas de dichos desastres y acciones bélicas y al mismo tiempo pedimos al Dios de la vida que conceda al mundo la paz y la concordia.

No puedo concluir este saludo sin manifestar mi sincera gratitud a Dios por mis 75 años de vida,  a cada uno de ustedes y a todos los que desde distintas partes del país y del exterior me han hecho llegar palabras y gestos de comunión, cercanía y cariño. Estas manifestaciones, signo de la predilección del Señor, me han confirmado en mi propósito renovado de seguir siendo el “Servidor de todos”, y gastar lo que El quiera concederme de vida por su Reino y por mi querido pueblo boliviano.

En este momento pienso de manera particular a los jóvenes y seminaristas, a ellos les dirijo unas palabras alentadoras: Mis queridos amigos, no tengan miedo en seguir con un sí generoso a Jesús que es Camino, Verdad y Vida, que nunca defrauda y que llena de sentido la existencia humana.

Que la Madre del Resucitado proteja y acompañe las labores de nuestra Asamblea.

Gracias de todo corazón.