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La Pascua, sentido y esperanza de vida aun en medio del dolor y de la muerte

Iglesia Viva/Día del Señor 25.04.11.- En la celebración de la Vigilia Pascual, Cardenal Julio Terrazas enfatiza la buena noticia de la Pascua, como sentido de la vida y mirada de esperanza aun en medio de situaciones de dolor y muerte. Comparte su visita a un hogar de niños y a los hermanos de la cárcel e invita a todos los fieles a demostrar su solidaridad y testimoniar el mensaje de vida de la Pascua con acciones concretas.

Homilía del Cardenal Julio Terrazas en la Vigilia Pascual.

La palabra de buena noticia ha resonado ya. Es la palabra de las mujeres que dieron a los apóstoles después de encontrar el sepulcro vacío. Esta palabra alégrense, se la siente de otra manera, se dibuja en el rostro de esos niños que realmente han encontrado un signo de la Pascua en ese, que ellos han encontrado en esa casa, porque allí se cumple y se vive esta Palabra del Señor.

Esta mañana he visitado la cárcel de Palmasola, con gente que a pesar de los problemas ellos también podían expresar su esperanza. Les preguntaba si era posible que ellos sientan algo de esta buena noticia en medio de sus dificultades. La misma pregunta dirijo ahora a todos, para los que no estamos en un hogar o en la cárcel sino en nuestras casas.

La alegría que nos regala el Señor es algo que sentimos, que nos ayuda a superar los momentos difíciles que vivimos. Y esta noche el Señor nos vuelve a repetir. No tengan miedo. O cómo el ángel a las mujeres, yo sé lo que están buscando, el cadáver de Jesús, no está, ha resucitado, vayan  y lleven esta buena noticia a los apóstoles. No tengan miedo. Ésta es la expresión más nítida, más contundente y más actual del Evangelio. Esta es la Pascua, pasar de las tristezas a la auténtica alegría. No tener miedo de hablar de las cosas de Dios, de confesar que está vivo y que es alguien que nos habla, que sale a nuestro encuentro en nuestro camino.

Este es el mensaje del Evangelio y que no debemos olvidar, no sólo hoy, sino todos los días de nuestra vida. Para sentir esa cercanía de Dios, para que también nosotros podamos reconocerle a Dios.

Podemos resumir la alegría de la Pascua con esta expresión del Señor y con este mandato, no tengan miedo y no podemos callar, no podemos enmudecer. Debemos ser capaces de dar testimonio del Hijo de Dios que vive.

Aquí está el símbolo de la luz. El resucitado ha vencido la oscuridad. Debemos dejarnos iluminar por Cristo, como ha dicho también el Santo Padre.
Busquen al Señor mientras puedan hacerlo, mientras él esté presente. Yo voy a arrancar ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne, dice el Señor. Hemos sido crucificados con él, pero también resucitamos con él. Más alegría que ésta no vamos a encontrar. La alegría de la Pascua, no de aquel que huye de la realidad, sino del que enfrenta las realidades dolorosas.

Esos niños y esos hermanos de la cárcel esperan de nosotros no sólo discursos sino acciones concretas. Lleven a sus casas este saludo de paz en esta Pascua.