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Reflexión: Cuarto Domingo de Cuaresma

Curación de un ciego de nacimiento Juan 9, 1- 41. Cuaresma. Combatir la ceguera del alma y del corazón para iluminar nuestra vida con la luz de la gracia y el amor de Dios.

Oración introductoria

Jesús, gracias porque podemos disfrutar el don de ver tu mano amorosa en la creación, porque podemos ver tus maravillas en cada una de nuestras vidas. Jesús, te pido que no suceda en nuestras vidas la condena de tus palabras: “y viendo no ven”. ¡Cuántas veces Jesús estamos ciegos del alma! ¡Y no vemos! Devuélvenos la vista del corazón, Jesús, para ver todo con la luz de tu gracia. Muchas veces, Señor, Nos ciega nuestro egoísmo, nuestros gustos, nuestros caprichos y comodidades. ¡Ven pronto a salvarnos, Jesús! Sácanos de las tinieblas de nuestro pecado.

Meditación


Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento (cf. Jn 9, 1-41). Los discípulos, según la mentalidad común de aquel tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma: "Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios" (Jn 9, 3). ¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente: "Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. (...) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (Jn 9, 4-5). Inmediatamente pasa a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios (cf. Gn 2, 7). De hecho, "Adán" significa "suelo", y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Así, al final del relato, Jesús y el ciego son "expulsados" por los fariseos: uno por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento (Benedicto XVI, Ángelus, 2 de marzo de 2008).

Reflexión Apostólica

“No se enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, sino en lo alto de la casa para que brille y alumbra a todos los de la casa”. Esta es la misión del cristiano, de cada uno de nosotros. Hemos sido dotados de la luz de Cristo, que es la vida de gracia. Con nuestro ejemplo podemos acercar a un mayor número de hombres a la luz de Cristo. Es necesario combatir la ceguera del alma y del corazón para iluminar nuestras vidas con la luz de la gracia y del amor de Dios. Somos instrumentos del amor de Cristo. “He venido a traer fuego al mundo”. El fuego de la caridad, de la justicia y de la paz.

Propósito


Viviré con mayor delicadeza la fidelidad a mi conciencia evitando todo aquello que ofenda y me lleve a perder mi amistad con Cristo.

Dialogo con Cristo

Jesús quiero corresponder al don de la vida de gracia. ¡Qué sería de nuestras vidas sin tu presencia en nuestras almas! Ayúdanos a valorarla al máximo y a cuidarla con mucho cariño. Te pedimos por todas aquellas almas que aún no te han conocido y andan en tinieblas para que algún día abran los ojos de sus corazones al amor de Dios. También te pido por aquellas personas que aun conociéndote no se acercan a ti.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte eternamente. Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro. (San Juan María Vianney)